El llenguatge
El lenguaje y su origen
La herencia cultural consiste en la transmisión acumulativa de los descubrimientos y conocimientos adquiridos por los seres humanos a lo largo de las generaciones. El mecanismo fundamental de transmisión es el lenguaje, tanto oral como escrito.
El lenguaje humano es un sistema de comunicación interpersonal, basado en el uso de símbolos y, aunque los animales se comunican unos con otros, particularmente entre miembros de la misma especie, nada semejante al lenguaje humano existe en los animales.
La característica fundamental del lenguaje humano es el usar símbolos como medio de comunicación. Un símbolo es un sonido, gesto, o cosa cuyo significado no es evidente de por sí, sino que se debe a un convenio entre los que lo usan. Por el contrario, un signo es algo cuyo significado es aparente sin requerir un acuerdo social. Por ejemplo, el humo es signo del fuego y el llorar es un signo de dolor; pero la palabra "humo" es un símbolo del humo sólo porque nos hemos puesto de acuerdo en ello, y la bandera roja y gualda es un símbolo de España precisamente por haber sido escogida con tal propósito.
Los animales, incluido el hombre, se comunican entre sí por medio de signos, pero sólo el hombre posee un lenguaje simbólico propiamente dicho. Los sonidos emitidos por los animales son signos que reflejan su estado físico o, más frecuentemente, emotivo; de hecho, son interjecciones. Los chimpancés, y tal vez otros animales, son capaces de aprender el significado de símbolos y de usarlos para comuniarse con los hombres que se los han enseñado. Los esfuerzos para enseñar a los chimpancés a hablar por medio de palabras han fracasado, probablemente debido a su falta de capacidad para pronunciar palabras (Hayes y Hayes, 1954). Se ha tenido, no obstante, un éxito limitado en enseñarle a "hablar" por medio de gestos como los que usan los sordomudos (Gardner y Gardner, 1969) o por medio de figuras geométricas de objetos diversos -"plátano", "manzana", "mesa"- y de conceptos tales como "sí", "no", "igual", "diferente" y otros. Con tales símbolos, un chimpancé no sólo llega a entender ciertas ideas, sino que es capaz de usarlos y aún de construir frases sencillas (Premack, 1971); sin embargo, aún después de larga y penosa enseñanza, su capacidad de usar símbolos es muy limitada y, en cualquier caso, los chimpancés y demás animales no crean símbolos ni los usan para comunicarse entre sí, al menos no en ua medida importante (Premack y Woodruff, 1978; Savage-Rumbaugh, et al., 1978; Terrace, et al., 1979).
El único "lenguaje" simbólico conocido en los animales no se da en los primates, sino en las abejas. Los estudios de von Frisch (1954, 1967) han mostrado que una abeja que ha descubierto una fuente de alimento, es capaz de comunicar a sus compañeras de colmena la posición y la distancia aproximadas del alimento con respecto a la colmena (...) Se trata, sin embargo, de un "lenguaje" muy limitado, cuyas "reglas" no son establecidas por mutuo acuerdo entre las abejas y no son adquiridas por medio de instrucción, sino que están fijadas genéticamente.
El lenguaje humano es único, por su capacidad de nombrar las cosas, generalizar, expresar conceptos abstractos, construir argumentos y discutir ideas. El lenguaje es flexible: el hombre crea combinaciones de palabras nunca usadas anteriormente y que, no obstante, son inteligibles para quienes hablan el mismo idioma.
El lenguaje no es sólo un medio de comunicación con los demás, sino que nos sirve para pensar y descubrir nuevas ideas y tiene, además, la propiedad única e importante de referirse a cosas ausentes, pasadas, futuras y aún imaginarias. La referencia conceptual a sucesos futuros es esencial para ciertas actividades humanas y para la existencia del comportamiento ético (Dobzhansky, 1962).
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La capacidad para el lenguaje está genéticamente determinada y se da en todos los seres normales. Los idiomas, es decir, las formas que el lenguaje puede tomar, no lo están, aún cuando ciertos lingüistas mantienen que algunas estructuras semánticas son comunes a todos los lenguajes y deben, por ello, estar determinadas hereditariamente (Chomsky, 1957, 1972; Lévi-Strauss, 1969). Sea cierto o no que todos los lenguajes humanos siguen ciertas reglas básicas, no cabe duda que los lenguajes no están determinados por nuestra naturaleza. El referirse a la hembra humana por medio de palabras como "mujer", "femme", "woman", "Weib" o "imra", no depende de la constitución genética de los grupos de individuos que así lo hacen, sino del hecho de que nacieron en España, Francia, Inglaterra, Alemania o Egipto. Este ejemplo sencillo pone, además, en evidencia el carácter simbólico del lenguaje. Las palabras no se parecen necesariamente unas a otras y mucho menos aún al objeto que representan.
La capacidad de lenguaje depende de la existencia de una anatomía adecuada para articular sonidos complejos. El chimpancé no puede aprender a hablar debido a la incapacidad de enunciar palabras; aun cuando su laringe es, al parecer, capaz de producir sonidos apropiados, su cerebro carece de ciertos mecanismos necesarios para ello. La existencia de la capacidad anatómica para enunciar palabras no es suficiente, ni mucho menos, para poseer un lenguaje; un loro puede repetir las palabras que oye, pero no es capaz de hablar, en el sentido esencial de la comunicación de ideas. La capacidad de lenguaje depende de la existencia de un cerebro desarrollado y complejo, tal como sólo existe en el hombre; es el cerebro el que hace posible el nombrar, generalizar, abstraer y razonar.
El origen evolutivo de la capacidad de lenguaje está, así pues, asociado con el desarrollo del cerebro y con la evolución del bipedalismo y la destreza manual. Algunos autores han considerado la posibilidad de que la aparición del lenguaje hubiera promovido el desarrollo del cerebro (Simpson, 1969). La comunicación de ideas por medio del lenguaje es, como decíamos, una adaptación importante que hace posible la cultura.
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En los seres humanos, la capacidad de hablar está determinada por el hemisferio izquierdo del cerebro y en particular por el lóbulo temporal izquierdo. (...) No es probable que el estudio de la evolución del lóbulo parietal izquierdo en la filogenia humana lleve a descubrir cuándo apareció la capacidad de lenguaje o el primer idioma.
(Texto obtenido del libro de Francisco J. Ayala: Origen y evolución del hombre. Alianza Editorial. Madrid, 1980. pp. 164-168 )